
Cartagena ( Por Edgardo Pallares Bossa)
El Tartufo de Moliere ha sido por siempre la expresión del doble lenguaje. Algo así como la hipocresía bífida o la emulación de algo también bífido, lo cual lo convierte en un elemento sustancial para intereses propios, pero que en el fondo es contrario a lo que debe ser.
Son muestras endogámicas las que evidencian los que promueven el final de los toros, basados en un arquetipo más que todo sensiblero, en un imaginario continente que a la larga no es exacto. Lo que se debe promover es la libertad, la libertad de trabajo, la libertad de culto, la libertad de expresiones de diversión y cultura.
Particularmente me enervan las tesis sobre el maltrato al animal, quizá haciendo ostensible más bien, una alteración mental con zafios procederes. Porque en lo que concierne a las corridas de toros, es necesario, primero, propagar un respeto hacia el torero que es protagonista del toreo, porque el toro por su parte, nació y fue criado para ese fin, pues se le honra con su muerte, que es un hábito intrínseco de su especie animal. Y segundo, la tauromaquia se jerarquiza sólo en el ruedo, con el comportamiento bravío del toro y la técnica y el arte del hombre. El día que un torero muere por asta de toro, pierde el hombre, no el torero.
VAMOS POR PARTES
Leyendo un artículo de Antonio Pelé, de la Universidad Carlos III de Madrid, me sobrecoge de inmediato un cobijo sobre los derechos humanos, preferencialmente en cuanto a la dignidad humana, que me hace racionalizar sobre los enemigos de los toros, los animalistas, quienes en este tema y a final de cuentas, se convierten en antianimalistas, conclusión que le demostraré más adelante.
LA ETICA Y LA CORRIDA
La corrida de toros tiene un sentido ético, porque se respeta la propia naturaleza del toro de casta y además, se le da vida para cumplir con su cometido, que no es otro que vivir para entregar eso que por su sangre y su instinto le obliga a combatir. El filósofo francés Francis Wolff lo aclara enfáticamente: “El toro bravo de naturaleza ofensiva es un ser que debe vivir libremente, como un ser rebelde a toda domesticación y que debe morir luchando y no como un manso que ha de vivir bajo la dependencia del hombre y morir en el matadero.
Tal es la secreta ambigüedad de la identidad del toro en la corrida, a la vez mejor amigo y mejor enemigo del hombre, que revela el doble sentido ético de la corrida: de un lado de lucha trágica y, de otro, la que responde a la muerte del toro, que es a misma que responde el conjunto de la corrida”.
Pero a todo ello, tenemos que anteponer la dignidad humana. Definir unas pautas inherentes a ello, cuyo régimen se ha trazado, como en el toreo, durante la época premoderna, donde la dignidad humana va ligada a Dios, incluso desde su creación. De allí que el hombre se manifieste con diversos tipos de comunicaciones porque está dotado de una inteligencia superior, que no tienen los animales y tal es el hecho, que en nuestro mundo contamos con diferentes lenguajes propios de las civilizaciones que nos han poblado. Por eso, el ser humano ha podido demostrar su grandeza y superioridad sobre el resto de los animales, quienes todos por instinto componen ese universo de seres de nuestro planeta, animados e inanimados, que deben estar bajo el sometimiento del hombre, ya que Dios lo dotó de todas las capacidades para imponerse y para ejercer su predominio en todas las actividades de la vida.
LA DIGNIDAD HUMANA Y LO RELIGISOSO
Esto nos lleva a pensar que el concepto de dignidad humana es un concepto religioso, concepto bíblico por numeroso, y, que además está registrado en el génesis de ese documento cristiano, donde se señala que los animales están para que el hombre se “señoree”, o dicho de otra manera, para servicio del hombre (Génesis 1:28):
“Ya en la época moderna, el concepto de dignidad, fue reformulado: la dignidad del hombre deriva de su naturaleza humana, pero dicha naturaleza se desvincula progresivamente de cualquier origen divino. Como en la época premoderna se hace un elogio de las capacidades humanas, pero esta vez, deduciendo de estas mismas, la dignidad del hombre, sin acudir a ningún parentesco religioso”, aclara Antonio Pelé.
Es decir, que se arguye sobre la singularidad de la dignidad del hombre, en contraposición a lo irracional. Y es que el hombre reformula el Estado de Derecho, integrando las normas basadas en la dignidad humana y su valor absoluto es utilizar todo para navegar por encima de todo, con libertad y autonomía, sobre el resto de ls animales. “El valor del ser humano deriva de sus capacidades, aunque estas se manifiestan de distintas formas en cada individuo, e incluso, se manifiestan en ciertos individuos, anota Roberto Spaemann.
En la tauromaquia, contando con el bloqueo de los receptores del dolor por las betaendorfinas que libera el toro de lidia, anestesiado, como cuando un boxeador con su rostro ensangrentado, recibe golpes, aguanta, se enfurece, y también suministra golpes a su oponente; éste mismo animal, el toro de casta, resulta que también contribuye al ecosistema, por cuanto tenemos a nivel mundial más de dos millones de hectáreas dedicadas a la crianza del toro bravo, terrenos que el mismo animal protege y en particular el ganadero, pues esos límites son exclusivamente para ellos.
EL NUMERO DE GANADERIAS EN ESPAÑA
Nada mas en España hay más de 680 ganaderías donde hierran alrededor de 60.000 cabezas al año, y, mientras, estas existan, seguirá existiendo la tauromaquia. Por tanto, no entendemos que buscan los ecologistas con la abolición de las corridas, más aún, cuando por el calentamiento global la vida tiende a cambiar y se hace necesario proteger los ecosistemas. ¿Qué futuro piden para el toro de lidia los animalistas con la supresión de los espectáculos taurinos? Lo único que se me ocurre es que propendan por escoger diez reses y criarlas en cautiverio para entonces después echar las campanas al vuelo aduciendo que “ellos” preservan la especie toro de lidia. ¿No se imaginan que al desaparecer las corridas, desaparece esta especie? No olviden que se trata de un animal que no es ni doméstico ni salvaje. Es un animal único en la tierra de acuerdo a su comportamiento, lo que nos lleva a predecir que promoviendo su maltrato, nada se logrará, teniendo en cuenta esas características que hace que el toreo sea un espectáculo totalmente indefinible, centrado en una ética y en una estética, que a final de cuentas no se define como arte ni como deporte, pues reúne ambos factores.
Y es indefinible porque es de sentimiento, porque es de una inspiración diferente, cimentado en una técnica que la obliga el mismo comportamiento del toro en la plaza.
LA FIESTA SE DEFIENDE SOLA
De tal suerte, que aún cuando subsistan las protestas de los antitaurinos, la fiesta de los toros se defiende sola, como dice Antonio Caballero. Porque el hombre se desenvuelve en este mundo mediante diferentes manifestaciones. Y sabe matizar sus influencias. Además, el toro de lidia de otro lado, es como todos los animales que a palabras del laureado escritor Manuel Vicent, quien estuvo en el reciente “Hay Festival”: “los animales son inmortales, porque viven, pero no saben que han de morir”.
Ningún animal puede superar la inteligencia del hombre; ningún animal puede razonar como lo hace el hombre. Y en nuestro caso, la manifestación del toreo, origina una serie de facetas, como los oficios que giran en su entorno o como la misma creación de un lenguaje propio (vocabulario) que enriquece la inteligencia de ser humano, quien debe estar por encima de todo. Vistas las cosas así, no debemos hablar como Tartufo en doble lenguaje, porque por encima de todo debe estar el hombre y su dignidad, y de esto no se escapa el influjo del toreo.
CONCLUSION
El toro cuida un ecosistema y su filosofía es distinta a todo. Que su especie es singular, diferente al resto de animales y en su instinto bravío anestesia el dolor. Pero más que todo, propicia un valor estético que sólo lo puede hacer palmario un ser humano, con unos valores que los hace independientes de los demás y que al ser triunfales, el éxito sería entonces del hombre conjuntado a esa especie de animal, que mediante un juego paródico, revela la dignidad humana. ¡De todas maneras, considero que es un tema de imposible acuerdo, de imposible conciliación, pues el hombre basado en su inteligencia, se desempeña en múltiples sistemas de recreación!.
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