
Por José Bergamin.
El entendimiento del toreo es, naturalmente, consecuencia de una limpia y fina sensibilidad; porque el toreo es lo que hay que ver, cosa de ver, y de entender, por consiguiente: cosa, objeto de la percepción y el razonamiento. Sin sensibilidad o percepción sensible no hay entendimiento de ningún arte o juego (...).
Para saber lo que valga moralmente o estéticamente el toreo, tendremos, ante todo, que entenderlo.¿ Y cómo podremos entenderlo mientras repugne a nuestra sensibilidad, si nuestra sensibilidad se opone confusamente a ello?. Los que, pretextando esa exquisita sensibilidad, se niegan a su entendimiento, podrán presumir de lo que quieran; de todo menos de entendimiento(...). Una sensibilidad fina verdaderamente es una sensibilidad firme, segura, ejercitada(...); o sea, de rapidísima concepción o racionalización; y solamente esta rapidez funcional en el proceso de lo censado puede concebir el toreo, es decir, abstraer, conceptuar tan rápidamente por el pensamiento una experiencia sensorial.(...). El poder conceptuar tan rápidamente lo sensible es propiedad de finísimas sensibilidades: las sensibilidades torpes, rudimentarias, carecen de esa facultad; por eso para ellas el espectáculo del toreo es sensacional y repulsivo; porque les es, sencillamente, inconcebible. (...).
Y como no lo pueden ver , no lo ven, y no lo entienden(...) ;por eso compadecen al toro, padecen con su pasión mortal y no con la inteligencia inmortal del torero que la burla; porque se identifican prácticamente, sentimentalmente, con el toro, que es el que siente o padece vivo; pero no entienden la inteligente burla que es el arte de birlibirloque verdadero de torear. Todo el que no puede ver el toreo, no lo podrá entender jamás, por falta, no por sobra, de sensibilidad verdadera(...).El juego inteligente del toreo no puede andar entre bobos, como dice un estribillo popular. Es juego imaginativamente racional, enigmático, verdadero; cruelmente perfecto; luminoso, alegre, inmortal.
Las virtudes afirmativas del arte del birlibirloque de torear, son: ligereza, agilidad destreza, rapidez, facilidad, flexibilidad y gracia. Virtudes clásicas: Joselito
Contra esas siete virtudes hay, en efecto, siete vicios correspondientes: pesadez, torpeza, esfuerzo, lentitud, dificultad, rigidez y desgarbo. Vicios castizos: Belmonte castizo hasta el esperpentismo más atroz y fenomenal."
" El predominio de la linea curva y la rapidez son valores vivos de todo arte (Joselito). El de la lentitud (morosidad) y la linea recta, son valores muertos invertidos (Belmonte)"
"El arte no puede ser artificial, como el estilo no puede ser estilizado. El arte tiene su propia naturaleza artística, y, naturalmente (artisticamente), su graciosa naturalidad, que es la más pura perfección artística. El artificio, por el contrario, es siempre afectación. En el arte de birlibirloque de torear, Belmonte fué la afectación artificiosa; Joselito, la artística naturalidad; volvía el arte del birlibirloque de Pepe-Illo a su inocencia bella, clásica, anterior a la caída casticista: con toda la fuerza y la gracia primaveral del mas nuevo renacimiento."
"Toda revolución es un retroceso' No. Todo retroceso es una falsa revolución: un fracaso; una evolución rota, una tradición revolucionada estropeada, interumpida; un nacimiento o renacimiento malogrado, cortado en flor, en su flor: la novedad. Belmonte fué una mala revolución; Joselito, un renacimiento"
"Joselito era el estilo puro, transparente, absoluto de torear: el estilo real, despersonalizado; porque el estilo es cosa y no persona. El torero que personaliza el estilo lo falsifica parodiándolo, lo imita porque no lo tiene, lo caracteriza o caritucaturiza: lo niega. Cuando el torero dice : el estilo soy yo, es que no es más que él, sin estilo. No hay más estilo de torear que el toreo mismo, sin personalizar: el arte del birlibirloque"
"¿Era Belmonte con el traje plata un torero o era la armadura de Carlos V?"
"Lo más lamentable de Belmonte es que toreó siempre a la funerala: muy despacio y torcido"
"A consecuencia de la decadencia malsana y enfermiza que engendró el belmontismo, todo en las corridas de toros se hizo monótono, pesado, torpe, lánguido: sin curvas y sin rápidez; sin variación"
"Esperar al toro torcido en la verónica, como hacía Belmonte, para no cruzarse con él, para no cruzarle de cara, en la cara, es hacer trampa fingiendo la verónica ladeada sin cruze en el encuentro, porque no hay encuentro; y cuando no hay cruze ni encuentro, el torero no pasa la toro, le deja pasar; lo mismo con la capa que con la muleta; y el toro pasa, dándole de lado, como el tren"
"Joselito era un extraordinario matador, porque mataba los toros toreando. La suerte de matar no era para él una trampa, sino una verdadera suerte más, como la de banderillas: una suerte torera y no una estrategia brutal de matarife".
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