
Medellín ( Por Guillermo Rodríguez )
En la mañana en el apartado, los de la peña “ Los de Ronda” me invitaron a una improvisada tertulia sobre arte, emoción y duende y en la tarde , como por arte de magia, surgió en el concurso del mano a mano Castella ( 4 orejas ) - Bolívar ( tres ) esos elementos definitorios del último rito de 0ccidente, la corrida de toros.
Porque duende fue lo emergió de la muleta de Sebastián Castella que improvisó varios cuadros barrocos, genialidades a lo Rafael El Gallo y desparramó arte adosado de técnica en los tres toros. Bolívar tuvo muchos pasajes donde brotó el sentimiento con la muleta de mano baja, abriendo el compás y el temple como divisa.
Lidiar un toro no se puede limitar al derechazo y al natural. Cuando aflora el sentimiento, es posible tomar la muleta como un cartucho( en el toro del maestro Rincón ) y despojada de la espada convocar al toro como se puede hacer con una vaca en un tentadero y crear un muletazo nunca dado en una plaza de toros que fue lo que inventó Castella.
El francés, con excepción del primero de Achury que se rajó y donde estuvo muy torero, la gente, aun fría, no pidió con fuerza la oreja y todo quedó en la ovación.
Con el de Las Ventas, un gran toro, con bravura y su contenido, la fijeza, con calidad, nobleza, recorrido y mucha clase, Castella construyó una faena de armonia y ritmo en el trazo del muletazo, en las distancias y el aprovechamiento de lo que atesoraba “ Melcocha”.
Dos orejas y vuelta al ruedo al toro.
Cerró Castella con el de Fuentelapeña.
Buen pitón derecho, un toro a más. Peleó en los medios y , sin duda, un toreo para marcar época y fijar linderos frente al escalafón.
El viernes lo espera en la México un mano a mano .
Castella aun no ha tocado el cielo con la yema de los dedos pero los límites los pone él y con la desmedida afición que tiene el mundo será ancho y ajeno para él. Y podrá rozar esa perfección que busca como un poseso.
BOLIVAR
Le tocó el de Gutiérrez que a la postre fue el ganador del concurso.
Abrochó 5 medias belmontinas que se superaba una a la otra en una entrega apasionada del vallecaucano.
Tuvo el mérito de bajarle la mano, de tomarlo de largo, de aprovechar esa dulzura de “ la casa “ que además en esta ocasión estaba unida al toro que humillaba y facilitaba tandas ligadas.
Hubo torero largo, solvente, despatarrado, cargando la suerte, , insisto, de mano baja y líneas austeras y clásicas.
Aprovechar las embestidas que tiene un toro, es un lujo y eso fue lo que hizo Bolívar.
El de “Monterrey”, de Jorge Agudelo, fue un toro muy interesante porque si bien tardeaba, cuando iba a la muleta lo hacía con clase. Era de tandas cortas pero muy exigente con el espada que tenía que no solo templar sino entender que al ser “ altito”, llevarlo prendido en el engaño era la fórmula y la clave.
El toro cayó al tercer descabello. Palmas.
Cerró la noche con el de Vista Hermosa.
Tardeó para ir al caballo Fue fijo y noble y tuvo mucha toreabilidad en su buena condición . Fue un ejemplar que se fue a más.
Como una orquesta que requiere un gran director para que suenen bien todos los instrumentos, el toro fue conducido casi a la perfección por Bolívar con la suavidad que era menester emplear para descubrir la calidad del santacolomeño.
Una oreja.
LA VARA
Era la reina del festejo pero por momentos se olvida que la suerte debe hacerse con temple y lentamente para que luzca el toro.
Nos falta mucho para una corrida de esta naturaleza. A veces juega en contra la prisa, otras el estado de los caballos de picar y la ausencia de reglas claras para colocar, cerca, más lejos y en los medios a la tercera vara al toro.
Todos fueron dos veces pero uno tiene la sensación de que hay un camino por recorrer.
Es verdad que los toros, como no ocurre con frecuencia en nuestras plazas, fueron dos veces al caballo y que es preciso medir al toro, probarlo en el caballo para examinar la casta.
A veces las premuras hace que ese primer tercio, fuente y principio de la corrida se vea ensombrecido , desvanecido entre las prisas del tiempo y del conjunto. Y ese muro de piquero, peto y caballo debemos analizarlo para encauzar ese primer tercio de la lidia.
Ya aprenderemos que este tipo de festejos se realiza para obtener un buen recaudo de bravura, de casta, de saber qué tenemos en la cabaña.
Cada toro en su encaste fue bien presentado y no tengo pegas.
No es verdad que nuestros toros no aguenten dos varas. Sí pueden y seguramente tres. Es cuestión de proponerselo.
Los toros de Gutiérrez, Las Ventas y Fuentelapeña merecieron los honores de la vuleta al ruedo.
La gente salió contenta y fue una corrida que a nadie dejó indiferente.
Ya se que puede resultar triunfalista la imagen de los dos toreros y los ganaderos en hombros al terminar el festejo pero fue muy reconfortante tras varias jornadas aciagas en la Medellín taurina.
Gracias a Castella y a Bolívar, gracias ganaderos por su concurso para engrandecer la Fiesta. Mejorar es cosa de toros y de todos. Este sábado en Medellín la fiesta estuvo servida.
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