
Bogotá ( Por Guillermo Rodríguez ).
[ Devolverle al picador sus galones dorados, una urgencia ].
La corrida del domingo en la Santamaría deja, como todo festejo, varias lecturas y la más importante es que la presentación aunque sea abundar en el mismo razonamiento, es primordial y que a partir de ahí se puede construir cualquier critica.
El ganadero ha buscado en los últimos 10 años un tipo de toro que no se salga del encaste Murube - Santa Coloma
No puede salir un toro tan mal presentado como ese cuarto, agalgado, zancón, fuera de tipo y con apariencia de novillo. Era un toro y lo pudo certificar post morten la junta técnica pero " chupado ", "culi pollo", que dicen los viejos taurinos. Las protestas no se hicieron esperar y al Juli no le valoraron nada pues el astado decreció en su escaso ímpetu y lo que se soñó como una faena grande de una figura terminó en agua de borrajas. Y ademas con toda razón por parte de los aficionados que justipreciaron lo que salió de toriles.
Las peñas tenían toda la razón en protestarlo . Lo significativo es que Don Miguel Gutiérrez no escondió el bulto y en diálogo con "Tendido7 " no solo admitió el desaguisado sino que expresó su molestia porque ese toro manchó la corrida. Dijo que esa situación jamás debió ocurrir y no apeló a excusa alguna por la desafortunada presencia de ese ejemplar en el ruedo bogotano.
Pero hay hechos positivos para destacar. La ganadería de herederos de Ernesto Gutiérrez es un encaste propio. No fue fácil " mezclar" en ese laboratorio campero lo Murube - Santa Coloma aparentemente tan distantes desde los años 50 del siglo pasado, y digo tan distantes y distintos en sus procedencias. El Dr. Miguel Guitérrez bucó en este último decenio " más cara" y a fe que lo ha conseguido como se pudo observar en Bogotá sin menoscabo de la calidad y los prinicpios, sin apelar a sementales " extraños" sino conservando el viejo tronco de ""Flor de Café " que de una u otra forma está en la simiente. Es una tarea cuidadosa, delicada, exigente, paciente,donde a veces se acierta .0tras, no.
Preocupa , sí, la falta de fuerza de varios toros y es un problema recurrente en varias ganaderías colombianas.
Un sondeo entre los propios criadores indica que la casta tiene mucho que ver en el preocupante asunto pues al intentar encontrar la nobleza, la ductilidad, la toreabilidad, mermamos la sustancia, " el caldo" que le da sabor a un toro y los astados comienzan a blandear de manos , el juego en el caballo es inexistente y apenas el puyacito. Y la orden: "levante la vara". Entraron vocablos impensables en otros tiempos como " cuidar" , " a media alturita ". " no le baje la mano" , el "unipase", " darle tiempos". Es decir, cada vez es menos frecuente " doblarse", " poderle" , " faena ligada ", " Muleta arrastrada ", "toro haciendo el avión ", y ya no digamos en la suerte de varas que, como lo expresamos en otra nota se está convirtiendo en un mero trámite. Pesaroso, triste, inocuo, Escasamente a una , le tapan la más de las veces la salida y salga de la plaza como un estorbo. No es destroncar, es ahormar, no es anuolar al toro, es dejarlo en el punto adecuado para la faena de muleta. Es desconsolador ver al torero persiguiendo al toro y no como en otros tiempos donde el espada se la jugaba con ese toro poderoso al que domeñaba con técnica y arte. Recordemos que no es una historia del 19 o principiops del siglo 20. César Rincón con "Bastonito", de Baltasar Ibán nos puso en la evidencia de que aun se crian toros fieros.
No acusemos a los piensos, al agua, al trópico, a las 4 yerbas, a los fosfatos, al heno, al grano, a la lluvia, a la tierra seca, a la tierra mojada, al verano, a la lluvia. La casta. Así de claro.
Es preciso recobrar la perdida pureza del primer tercio, permitir que el piquero se coloque a contra querencia, que el ganadero puede ver su toro, y encontrar la verdadera dimensión de la casta en el caballo, que la afición disfrute de uno de los momentos estéticos de la corrida por excelencia, que se luzcan los varilargueros, herederos de los galones dorados como fuente y principio de las corridas. Que el toro que lo permita vaya en dos ocasiones al caballo, que se revivan los quites porque con un solo puyazo estamos empleando ese vocabo, a mi manera de ver, en forma incorrecta cuando el torero , en su toro, da dos o tres lances.
Menos tafalleras y navarras y más verónicas. Menos florituras y más toreo por bajo. Lo que no significa que un trincherazo, un pase de la firma, soltar el capote a una mano, la larga cordobesa no sean de buen recibo. Todo en su justa medida.
El laboratorio del tentadero es primordial. Solo un gnadero exigente, casi hasta la dureza, inflexible con el comportamiento de la vaca en el caballo nos devolverá la grandeza del toro. Si hay concesiones porque fue 100 veces a la muleta, habremos perdido la batalla. Esa mixtura de caballo y muleta debe servirle al criador para mantener la pureza.
Este domingo, rejones. De "la casa " Gutiérrez.
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